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La decoración informal se convierte en tendencia

enero 20, 2017 - Gastronomia
La decoración informal se convierte en tendencia

Apenas hace unas semanas hablábamos en estas mismas páginas sobre la imperante tendencia de los bares con decoración y ambiente informal. Quizás se deba a que la crisis ahuyenta los restaurantes recargados de mesas para bar y sillas de bar, o a que estamos cansados del estilo barroco, pero también del absoluto minimalismo de las sillas para bar.
El caso es que hoy volvemos a incidir en ese tipo de locales, que son cada vez más numerosos en las principales ciudades del país. Y más aún en Madrid.
Lo comprobamos con la llegada a la capital del Lah!, el más reciente proyecto del Grupo Vips. La ambientación y la decoración del local han sido desarrolladas por ILMIODESIGN (www.ilmiodesign.com), estudio del interiorista italiano Michele Corbani y de su socio el diseñador industrial, también de origen italiano, Andrea Spada.
Rehúye del tópico habitual de un restaurante asiático. Alegre, acogedora y desenfadada, se apoya en materiales y tejidos con guiños puntuales al Asia tradicional en un marco donde predomina la naturalidad y modernidad.

El objetivo no es otro que conseguir que los clientes le pierdan el miedo a la comida asiática. Que sean capaces de adentrarse en un mundo gastronómico novedoso, el de la cocina del Sudeste Asiático.
Por eso, ILMIODESIGN ha recurrido al uso de tonos pasteles, telas coloridas y sedosas directamente importadas de Asia que cubren los bancos corridos de las mesas. Y de sombreros asiáticos convertidos en originales lámparas de techo.

Muy diferente pero también de aspecto informal —pero muy muy cuidado— es Flash Flash. Ya desde el exterior se evidencia que no es un local ‘al uso’. Situado en la planta baja de un edificio de oficinas, rompe la monotonía del mismo con ventanales de ojo de pez de diferentes diámetros dispuestos de forma aleatoria.
Una vez dentro, el estilo se impone en sus 400 metros cuadrados con paredes en color blanco, solo roto por los retratos en negro serigrafiados a tamaño natural de Karin Leiz. La fotógrafa, haciendo uso de una cámara de fotos, adopta diferentes posturas con las que parece fotografiar a los comensales y, además, los alumbra: el flash de su cámara actúa como punto de iluminación del espacio.

Una iluminación que busca dar un aire cálido al ambiente. Por eso se emplea una luz amarilla, que rompe con la frialdad del blanco de las paredes, que también impera en sillas y mesas.
Las dos barras -que se sitúan en el centro del espacio- están realizadas en linoleo “marmoleum”, e iluminadas a base de downlights empotrados en los falsos techos dispuestos de forma lineal. Además, una lona móvil con las mismas imágenes de Karin Leiz, permite disponer de un reservado dentro del restaurante.

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